La confesión

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¿Por qué Confesarme?

 

Todos tenemos muchas cosas buenas…, pero al mismo tiempo, la presencia del mal en nuestra vida es un hecho: somos limitados, tenemos una cierta inclinación al mal y defectos; y como consecuencia de esto nos equivocamos, cometemos errores y pecados. Esto es evidente y Dios lo sabe. De nuestra parte, tonto sería negarlo.

 

De aquí que una de las cuestiones más importantes de nuestra vida sea ¿cómo conseguir “deshacernos” de lo malo que hay en nosotros? ¿de las cosas malas que hemos dicho o de las que hemos hecho mal? Esta es una de las principales tareas que tenemos entre manos: purificar nuestra vida de lo que no es bueno, sacar lo que está podrido, limpiar lo que está sucio, etc.: librarnos de todo lo que no queremos de nuestro pasado. ¿Pero cómo hacerlo?

 

No se puede volver al pasado, para vivirlo de manera diferente… Sólo Dios puede renovar nuestra vida con su perdón. Y El quiere hacerlo… hasta el punto que el perdón de los pecados ocupa un lugar muy importante en nuestras relaciones con Dios.

 

Como respetó nuestra libertad, el único requisito que exige es que nosotros queramos ser perdonados: es decir, rechacemos el pecado cometido (esto es el arrepentimiento) y queramos no volver a cometerlo. ¿Cómo nos pide que mostremos nuestra buena voluntad? A través de un gran regalo que Dios nos ha hecho.

 

En su misericordia infinita nos dio un instrumento que no falla en reparar todo lo malo que podamos haber hecho. Se trata del sacramento de la penitencia. Sacramento al que un gran santo llamaba el sacramento de la alegría, porque en él se revive la parábola del hijo prodigo, y termina en una gran fiesta en los corazones de quienes lo reciben.

 

Así nuestra vida se va renovando, siempre para mejor, ya que Dios es un Padre bueno, siempre dispuesto a perdonarnos, sin guardar rencores, sin enojos, etc. Premia lo bueno y valioso que hay en nosotros; lo malo y ofensivo, lo perdona. Es uno de los más grandes motivos de optimismo y alegría: en nuestra vida todo tiene arreglo, incluso las peores cosas pueden terminar bien (como la del hijo pródigo) porque Dios tiene la última palabra: y esa palabra es de amor misericordioso.

 

La confesión no es algo meramente humano: es un misterio sobrenatural. Consiste en un encuentro personal con la misericordia de Dios en la persona de un sacerdote.

 

Algunas razones por las que tenemos que confesarnos

1. En primer lugar porque Jesús dio a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados. Esto es un dato y es la razón definitiva: la más importante (cfr. Jn 20, 22-23).
2. Porque la Sagrada Escritura lo manda explícitamente (cfr. Sant 5, 16).
3. Porque en la confesión te encuentras con Cristo.
4. Porque en la confesión te reconcilias con la Iglesia.
5. El perdón es algo que «se recibe».
6. Necesitamos vivir en estado de gracia. Sabemos que el pecado mortal destruye la vida de la gracia. Y la recuperamos en la confesión.
7. Necesitamos dejar el mal que hemos hecho.
8. La confesión es vital en la luchar para mejorar.

 

Otros motivos que hacen muy conveniente la confesión:

 

a) Necesitamos paz interior.
b) Necesitamos aclararnos a nosotros mismos.
c) Todos necesitamos que nos escuchen.
d) Necesitamos una protección contra el auto-engaño.
e) Todos necesitamos perspectiva.
f) Necesitamos objetividad.
g) Necesitamos saber si estamos en condiciones de ser perdonados: si tenemos las disposiciones necesarias para el perdón o no.
h) Necesitamos saber que hemos sido perdonados. Una cosa es pedir perdón y otra distinta ser perdonado. Necesitamos una confirmación exterior, sensible, de que Dios ha aceptado nuestro arrepentimiento. Esto sucede en la confesión.
g) Por razones de consejo
i) Tenemos derecho a que nos escuchen.
j) Hay momentos en que necesitamos que nos animen y fortalezcan.
k) Necesitamos recibir consejo.
l) Necesitamos que nos aclaren dudas, conocer la gravedad de ciertos pecados, mediante la confesión recibimos formación

 

 

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Este Sacramento se administra todos los días, media hora antes de cada misa ordinaria, para mayor información, puedes comunicarte a la Notaría Parroquial, al teléfono (378) 781 3600 y 782 3766.